En familia se misiona y se promueve espiritual y socialmente la oración en familia y en comunidad. Se trabaja también para motivar a los jóvenes, niños y adultos. En síntesis, la misión Schoenstattiana acompaña en el proceso de crecimiento de la fe y, generalmente, lo hace por espacio de 3 años.

Durante una semana, se incluyó la fiesta de la Asunción de María al cielo y culminó el período de “Misiones Familiares del Movimiento de Schoensttat de Concepción” en la Parroquia San José de Arauco.

Fue el cuarto año consecutivo en que familias completas, venidas desde Concepción, -por lo general un grupo de 45 a 50 personas-, estuvieron misionando, para lo cual llegan dos veces al año y colaboran con el trabajo de evangelización que la parroquia realiza, así ocurrió durante el tiempo de vacaciones de verano e invierno.

Darwin Stuardo, encargado del grupo misionero de Montahue, señaló que “la labor era por tres años pero quisimos acompañar un año más el trabajo que está haciendo la parroquia. E, el Párroco nos lo pidió y hemos extendido nuestra misión por un año más. Yo sólo este año asumí la coordinación de los misioneros, pero es siempre una continuidad del trabajo que se viene haciendo por muchos años y con el único objetivo de estimular la vida cristiana de nuestros hermanos, en este caso de nuestros hermanos araucanos”. 

Roberto Bravo, otro de los papás misioneros y que estuvo con toda su familia manifestó que “en estos cuatro años nos hicimos presente en dos sectores de Arauco, en la Población Frei y en la Población California. La misión no es tarea fácil pero siempre fuimos bien acogidos por la gente, en algunas ocasiones acompañados por una religiosa del Niño Jesús (Hna. Angela). A los católicos y no católicos los invitamos a nuestras actividades y reuniones, y cada misión la concluimos con una procesión llevando la imagen de la Mater”. 

También fue una experiencia enriquecedora para Carlos Jaque quien participó junto a su señora e hijos. “Al concluir la misión en Arauco, sólo me queda dar gracias a Dios por haber participado, por las personas con que he convivido porque han hecho de esto una experiencia inolvidable para mí, gracias a Dios y al Movimiento. Hemos vivido una gran experiencia como familias. Fue muy emocionante reencontrarme con José Miguel, el Párroco, porque estudiamos en el mismo colegio, en Chillán, con los Padres Franciscanos. Agradezco todo lo vivido; ojalá muchas familias pudieran tener esta experiencia de fe”, comentó con entusiasmo.