Antífona de entrada          cf. Sal 12, 6

Señor, yo confío en tu misericordia: que mi corazón se alegre porque me salvaste. Cantaré al Señor, porque me ha favorecido.

Oración colecta     

Concédenos, Dios todopoderoso, que, meditando sin cesar las realidades espirituales, llevemos a la práctica, en palabras y obras, cuanto es de tu agrado. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Lectura        Sant 5, 1-6

Lectura de la carta de Santiago.

Ustedes, los ricos, lloren y giman por las desgracias que les van a sobrevenir. Porque sus riquezas se han echado a perder y sus vestidos están roídos por la polilla. Su oro y su plata se han herrumbrado”, y esa herrumbre dará testimonio contra ustedes y devorará sus cuerpos como un fuego. ¡Ustedes han amontonado riquezas, ahora que es el tiempo final! Sepan que el salario que han retenido a los que trabajaron en sus campos está clamando, y el clamor de los cosechadores ha llegado a los oídos del Señor del universo. Ustedes llevaron en este mundo una vida de lujo y de placer, y se han cebado a sí mismos para el día de la matanza. Han condenado y han matado al justo, sin que él les opusiera resistencia.

Palabra de Dios.

Comentario

Estas palabras retoman las denuncias hechas por los profetas y son dirigidas crudamente a los ricos. Estos han construido su riqueza y su buen pasar sobre la injusticia, porque no pagaron su salario al jornalero y condenaron a quien buscaba la justicia. No nos dejemos deslumbrar por la riqueza, pensemos con qué acciones ha sido construida.

 

Sal 48, 14-20

R. ¡Felices los que tienen alma de pobres!

Éste es el destino de los que tienen riquezas, y el final de la gente insaciable. Serán puestos como ovejas en el Abismo, la muerte será su pastor. R.

Bajarán derecho a la tumba, su figura se desvanecerá y el Abismo será su mansión. Pero Dios rescatará mi vida, me sacará de las garras del Abismo. R.

No te preocupes cuando un hombre se enriquece o aumenta el esplendor de su casa: cuando muera, no podrá llevarse nada, su esplendor no bajará con él. R.

Aunque en vida se congratulaba, diciendo: “Te alabarán porque lo pasas bien”, igual irá a reunirse con sus antepasados, con ésos que nunca verán la luz. R.

Aleluya        cf. 1Tes 2, 13

Aleluya. Reciban la Palabra de Dios, no como palabra humana, sino como lo que es realmente, como Palabra de Dios. Aleluya.

Evangelio     Mc 9, 41-50

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.

Jesús dijo a sus discípulos: "Les aseguro que no quedará sin recompensa el que les dé a beber un vaso de agua por el hecho de que ustedes pertenecen a Cristo. Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que tienen fe, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar. Si tu mano es para ti ocasión de pecado, córtala, porque más te vale entrar en la Vida manco, que ir con tus dos manos al infierno, al fuego inextinguible. Y si tu pie es para ti ocasión de pecado, córtalo, porque más te vale entrar lisiado en la Vida, que ser arrojado con tus dos pies al infierno. Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado, arráncalo, porque más te vale entrar con un solo ojo en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos al infierno, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga. Porque cada uno será salado por el fuego. La sal es una cosa excelente, pero si se vuelve insípida, ¿con qué la volverán a salar? Que haya sal en ustedes mismos y vivan en paz unos con otros".

Palabra del Señor.

Comentario

Dar un vaso de agua puede ser el símbolo de la hermandad. Entre cristianos, este es el gesto mínimo de atención que Jesús nos pide. ¡Cuánto más podemos hacer, movidos por el amor, con aquellos que son de Cristo! Especialmente, procuremos ayudar a todos los misioneros que hacen que Cristo sea conocido y amado.

Oración sobre las ofrendas        

Al celebrar estos misterios con la debida reverencia, te suplicamos, Señor, que los dones ofrecidos para tu gloria nos obtengan la salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión        Sal 9, 2-3

Proclamaré todas tus maravillas; quiero alegrarme y regocijarme en ti y cantar himnos a tu nombre, Altísimo.

O bien:         Jn 11, 27

Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo.

Oración después de la comunión

Dios todopoderoso, concédenos alcanzar la salvación eterna, cuyo anticipo hemos recibido en este sacramento. Por Jesucristo, nuestro Señor.